Y PERDÓN POR EL TUTEOde Walter Saavedra, el Sábado, 30 de octubre de 2010Nosotros, los Negros de Mierda, los que venimos de ese hondo bajofondo
donde el barro se subleva, los que andamos de heladera vacía y tripas
retobadas.
Nosotros, los que caminamos en patas amasando estiércol, los que
hacemos el amor en la única pieza compartida y nos mordemos los
orgasmos para no despertar a los niños.
Nosotros, los truchos que marcamos las nuevas tendencias de la moda en
La Salada, los que remendamos el guiso de ayer con unas papas
prestadas por la vecina solidaria a la que no le sobra nada, los
cabecitas despreciados por la oligarquía.
Nosotros, los que enterramos algún afecto en un cajón berreta de pino
verde económico, los que seseamos entre el laberinto de los dientes
ausentes, los que nos fuimos al descenso con tantos goles en contra
que ya nos duele el ciático de agacharnos para sacar la pelota del
fondo del arco.
Nosotros, los que nos reconocemos por el sudor proletario y nos olemos
como los perros guachos se huelen los genitales, los que fracasamos en
nuestro afán de ser felices, los que somos felices a pesar del
naufragio.
Nosotros, los que cada día salimos a la batalla colgados del estribo
de la vida, soportando que nos rocen el culo de ida y de vuelta,
aferrados al pasamanos (mentira que Rexona no te abandona) , mirando
con ojos de envidia al que va sentado hasta Retiro, franeleándose la
corbata de yuppie, apretando desconfiado el maletín entre las piernas.
Nosotros, los que no festejamos empates porque Perón y Evita nos
enseñaron que hay que salir a la cancha a ganar porque con la dignidad
es mas probable dar la vuelta olímpica, incluso en la cancha de ellos.
Nosotros, los villeros comegatos, los indocumentados, los invisibles a
los ojos del establishment, los sumisos que agachan la cabeza y le dan
para adelante, los eunucos del harén del terrateniente, los mayordomos
del campo del latifundista, los ordeñadores de la leche de las vacas
de la arcadia de los Biolcatti.
Nosotros, los que vamos al chino cuando vamos, y nos compramos un
kerosén tinto marca Sumuva, persuadidos por la publicidad que nos
bate : Ahora con un diseño moderno, atractivo, innovador y gracias a
su novedoso formato en envase Tetra Prisma, es fácilmente manipulable.
Es cómodo de verter y puede ser conservado gracias a la práctica tapa.
Nosotros, los bisnietos de los descamisados, los que salimos a surfear
en ese oleaje de trapos, los que reventamos la plaza porque nos
quedamos huérfanos de Néstor y nos mordimos hasta gotear por los
labios, y nos apretamos en un abrazo desconocido, los que hicimos
pucheros frente al féretro, los que cantamos una y otra vez la
marchita con la garganta hecha hilachas de dolor, los que aprendimos a
pronunciar sin pudores en éstos años la palabra “ PATRIA “ sin que nos
remita a tiempos pretéritos y reaccionarios de nacionalismos
patéticos, los que decimos “ COMPAÑERA / COMPAÑERO “ con tanta dulzura
que corremos el riesgo de enfermarnos de una diabetes amorosa y
militante, los que voluntariamente le donamos una transfusión de
sangre a la muerte sin preguntar, los que ofrendamos el corazón y lo
depositamos junto a las miles de coronas de nomeolvides, los que
meamos sin taparnos la nariz en los baños químicos, los que vomitamos
nuestra borrachera de tristeza y amargura en el cordón de la vereda,
los que nos acalambramos los dedos en “ V “, los que nos abrigamos con
la cobija negra NDM, los que arrastramos a nuestros hijos a ese
tsunami peronista, los que tenemos memoria porque la memoria es un
paraíso de donde no podemos ser desterrados, los que sabemos de qué
periferia de la historia venimos, los que vivimos genéticamente
orgullosos y sabemos que no necesitamos ningún ADN ideológico, los que
le ponemos el pecho y las tetas al capitalismo con su consumismo
pornográfico, los que sentimos la tibieza a flor de piel porque a los
muertos se los cuenta cuando están fríos, y el compañero Néstor
Kirchner seguirá tibio en nosotros, los que hoy andamos con los ojos
tristes de un perro San Bernardo y le ladramos a los corazones
zurcidos de melancolía, los que no hemos dormido y en la duermevela
bizca nos inventamos una revolución de obrero y de estudiante, de
viejo decrépito con la nostalgia de las patas en la fuente y de
pendejo cibernético empujando el nuevo tiempo.
Nosotros, los Negros de Mierda, queremos decirte, Cristina, que
estamos con vos, que cuando pase el temblor, cuando empieces a
elaborar tu duelo, cuando se te deshinchen los ojos de esplín, aún
cuando sientas que tu cama es un talle grande y la soledad es un amigo
que no está, cuando te escasee la palabra y te sientas desolada,
estaremos aquí, armados hasta las muelas de militancia, dispuestos a
ofrendarnos por vos, dispuestos a abrazarte res-petuosamente,
compañera, heredera de los ovarios de Evita. Y perdón por el tuteo.
Walter Saavedra
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