miércoles, 23 de febrero de 2011

El almacén de las cosas perdidas

En la calle Pedernera había un almacén en el que se vendían objetos
perdidos. Con el mayor apuro habrá que decir que únicamente podía
comprarlos la persona que los había extraviado. Esta restricción, lejos de ser
un estorbo para los comerciantes, constituía el secreto de su
prosperidad. Una foto, una muñeca, una carta, una bolita o un dibujo infantil
costaban pequeñas fortunas.
El poeta Jorge Allen visitó algunas veces el negocio buscando una vieja
camiseta de fútbol. No tuvo suerte. Los dueños le informaron
amablemente que ellos sólo vendían una pequeña parte de las cosas perdidas.
-En verdad, la mayoría de los objetos se pierden para siempre -
confesaron.
-Es preferible que así sea - explicaba el cajero -. Un mundo en el que
nada se perdiera sería un mundo sin amor y sin arte.
Ciertos maledicentes pensaban que el comercio no era sino un refugio
de ladrones y reducidores, acusación que nunca fue comprobada.
Un día, los dueños vendieron el almacén a unas personas que juraban
haberlo perdido. Ahora funciona allí una pizzería.


Alejandro Dolina, Crónicas del Ángel Gris

martes, 15 de febrero de 2011

Hablar en tercera persona en los yo innumerables que somos en 24 horas.
Cuan si se pudiera explicar las mariposas en el estomago,
Los ovarios de chavela
Y  los vacios infinitos que son  el interuptus de la vida toda.
Las nubes traen las sombras de un futuro incierto
De un existencialismo que no ha traído soluciones ,
Mas obsequio espejos  gigantes obnubilando tanto
Hasta enceguecer.
Sin posibilidad de ver al enemigo que no tiene caras y aun así está en todas partes.
A piñas para los cuatro lados,
Y dios mercado decide quien come y quién no.
¡Oh comer o no comer!!!
Acceder o no acceder esa es la cuestión.










viernes, 28 de enero de 2011

soy-Chavela Vargas..pagina 12-

ES MI MUNDO
Nunca se dice adiós, se dice te amo
Se acaba de editar Por mi culpa, un nuevo disco de Chávela Vargas, algo así como un tributo de sus amigos, donde la voz de ella, envejecida y tenaz, reaparece como fantasma encantador capaz de paliar errores y mediocridades. A los 91 años, otra vez su canto resurge como de las cenizas, del desamor y del tequila. Esta culpa no figurará, sin dudas, entre sus mejores discos, pero difícilmente será el último.
Almodóvar, quien alguna vez dijo que de haberla conocido a tiempo no se habría dedicado al cine por parrandear y aprender a llorar con ella, también la nombró en su olimpo personal junto con Bola de Nieve y Edith Piaf como una de las tres voces más dramáticas del siglo XX. Chavela Vargas es una leyenda, nacida en Costa Rica y más mexicana que los murales, capaz de vestirse de hombre en el México más feroz de hace setenta años, cantar rancheras a la audiencia femenina, codearse con la realeza y la farándula de Hollywood, ganar tanto dinero como para construirse un mundo mejor, abandonarlo todo durante 20 años por el alcohol y regresar cuando todos pensaban que estaba bajo tierra. Pero lo más sorprendente de esta leyenda, que incluye lo de llevar escondido un cuchillo bajo el poncho rojo, haber matado un hombre y cumplido un año de prisión, como se dice de Gardel, robar mujeres a caballo, conquistar princesas y estrellar un Jaguar contra un árbol, es que las anécdotas que ni se cuentan también son ciertas. Chavela ha sido, además, un icono de las lesbianas de México, de todos los países de habla hispana y de donde la oyeran temblar y llorar. En los ’90, a su regreso de los 20 años de ostracismo, habló en un programa de televisión sobre su lesbianismo y luego dio más detalles de su vida y de sus amores en una autobiografía que publicó en 2002. “No estudié para lesbiana –dijo entonces–, ni me enseñaron a ser así. Nací así desde que abrí los ojos al mundo. Nunca me he acostado con un señor. Nunca. Fíjate qué pureza, yo no tengo de qué avergonzarme.” Y en una entrevista en El País lo dejaba claro: “He tenido que luchar para ser yo y que se me respete, y llevar ese estigma, para mí, es un orgullo. Llevar el nombre de lesbiana”. Orgullo del estigma y del sonido de aquella palabra, Chavela Vargas ha reflexionado muchas veces sobre su condición y la de tantas. Y alevosamente ha sabido darle encanto a un término tantas veces confundido con el barro, la desviación, la delincuencia y la vergüenza. Como cuando, en su “Mocorina”, Chavela Vargas canta “Ponme tu mano ahí”, la palabra lesbiana cuando la encarna ella suena a lo que es: provocación, canto profundo, irresistible seducción.
Cuando hace diez años Chavela visitó la Argentina, el poeta y periodista Fernando Noy registró de una larga charla una serie de citas memorables. A continuación va este compendio de iluminaciones chavelianas, más y más leña para el fuego de su leyenda.
Las cosas prohibidas
“Si desde chicos hubiéramos buscado lo hermoso de todo, si nos hubieran enseñado qué era la vida... No eso de decirnos tanto que no nos acostemos con ningún señor porque nos dejaría panzonas. Así llego a esta edad y veo que no sé nada. Nada sé. Entonces me vuelven a sorprender tantas cosas, por ejemplo, la gente de la Argentina, con algo muy dolorido, pero sereno adentro. Me acuerdo del tango ‘Mocosita’ y de lo que decía: ‘No te olvides que ella es mujer, no te dejes convencer’. Adoro a Discépolo y tuve la suerte de conocer a Gardel en Nueva York. Me dio la mano y quedé impresionada, tanto que esa pasión por Gardel continuó con este amor por la Argentina con su tango lascivo, prohibido, arrabalero, doloroso. Ese tango sensual tan parecido al flamenco. En el flamenco muchos mueren muy jóvenes, de droga, de desilusión y de qué sé yo, esas causas por las que morimos los cantantes. Debe ser cuando nuestro arte toca los umbrales prohibidos. Posiblemente Gardel también tocó esos umbrales. A veces cuando me pongo a analizar una canción y le busco otras vueltas y errores, no puedo hacer nada. Compruebo que la he llevado casi a la perfección. Entonces siento miedo porque estoy tocando esas cosas prohibidas que al individuo humano no se le permiten, sobre todo a una mujer. Es cuando comienzan los cuentos y las consejas sobre mí. Comentan que me robo las gentes a caballo. Muy difícil. Un caballo sobre una calle asfaltada, imagínense... Cuando voy a Vallejos, en España, y oigo el cante gitano, me pregunto qué pacto, qué desesperación, qué está buscando esa raza al fin de todo. En el fondo lo mismo que busco yo, algo que nunca encuentro; y ya vi que no era el amor.”

Pánico escénico
“En Hollywood tenía una credencial que me permitía entrar a los ensayos con sus grandes estrellas, desde Katharine Hepburn, Ava Gardner hasta Bette Davis. Ellas te decían que había que llegar al escenario realmente frío, con una especie de tranquilidad que en realidad no sientes. Después descubrí que lo más terrible de un escenario es el ingreso desde la primera cortina hasta la llegada a la boca del proscenio. En ese trayecto aparentemente corto no tienes mamá, ni hijos, ni nadie. Es la soledad más grande. No existes más que tú y el público. Yo siempre ingreso de puntas, se me olvida que no tengo tacones. Cuando logro posar los talones y pisar el suelo, pienso: ‘Por fin’. Pero mientras estoy de puntitas pasa una eternidad.”

Frida, Diego y el comunismo
“Vivir junto a Frida Kahlo y Diego de Rivera ha sido una de las experiencias más increíbles. Aprendí tantas cosas... Yo era una niña ignorante. Lástima que se me haya quitado la ignorancia, porque fui muy feliz siendo completamente ignorante. Aprendí política, conocí a Trotsky. Todos ellos no parecían tener nada de comunistas. La pasaban muy bien y se divertían mucho. A León todo le daba risa. Un día, Diego me pregunta: ‘¿Crees que soy comunista?’. ‘Pues no, no lo creo’, le respondí, también muerta de risa. Los vi pintar, reírse, como los vi morir. No sé por qué siempre se van los que uno más ama.”

Títeres sin cabeza
“No entiendo al hombre blanco que lucha por llegar y, cuando logra ser famoso, empieza a rodearse de policías para que ni lo toquen. De verdad no entiendo nada. A mí podrían agarrarme y llevarme a donde apetezcan. Para qué has luchado tantísimo por llegar y luego te pones gafas. Ahora acaba de aparecer Rin tin tin. Como le digo a Ricky Martin. Rin tin tin, pareciera terrible, cambia de novia a cada rato. Y yo me pregunto: por qué se engañará tan fácil a la gente. Otro es el hijo de Julio Iglesias, contando por televisión minuciosamente cómo hace el amor. En este caso aplico el lema ‘Dime de qué alardeas y te diré de qué padeces’. El cuenta que puede hacer el amor más de diez veces por noche. No logro entender con quién. Tal vez con alguna elefanta del zoológico. Cuando vea a Isabel, su madre, de la que soy muy amiga, le voy a comentar: ‘Yo no sabía que tu hijo era tan así, tan ah... tan ohhh’... Seguro me va a pedir que me calle. Es como su padre. Siempre dicen que Julio Iglesias contrataba a mujeres guapísimas y les ordenaba a sus representantes: ‘Cuando yo llegue a esa esquina, se desmayan todas. Páguenles bien’. Después la gente se preguntaba cuál sería el secreto de Julio Iglesias en la cama. María Félix fue una señora toda la vida analfabeta. Luego, cuando se fue a París, aprendió a hablar francés y regresó superculta. No se rían, es cierto. Hablando otro idioma, hoy la cosa cambia. Pero para una que habla un puro nahuatl...”

Las mujeres del mundo
“La noche con su más grande brillo la he vivido en Tecoxtlan, alrededor del Cerro de las Joyas. Es un lugar extraño, justo donde el dios Quetzalcoatl abandonó sus sandalias de oro, donde he estado con un pedazo de luna entre las manos. Es el mismo valle sagrado donde naciera María Tepoztlan. Todas las mujeres del mundo, en el fondo, nos llamamos María. Y yo, en lugar de hacerle una canción al cerro o a la luna, le compuse una canción a María, un personaje que en verdad existe.”

La muerte
“A la muerte la respeto muchísimo; me resulta simplemente el paso de una cosa a la otra. El miedo es a lo desconocido. Si se pudiera regresar, yo ya me habría muerto hace rato. Debe ser un descanso tremendo luego de tantas preocupaciones. Es como esto de ir envejeciendo: te sientes llena de recuerdos y a veces llegas a criar joroba, agachada por los años y el peso del pasado. El doctor me aconsejó que tomara una caja de antioxidantes. Me sentí como una motocicleta con ruedas, triste de verdad. Yo en vez de antioxidantes voy a seguir tomando un aceite muy bueno, Texaco, para coches.”

poema xx

POEMA XX
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

 Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

 Ella me quiso, a veces yo también la quería.
¡Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos!

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

 Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

¡Qué importa que mi amor no pudiera guardarla!
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Yo no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise..
Mi voz buscaba al viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

 Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Pablo Neruda, poeta chileno (1904-1973)

VACIOS.
Los vacios han sido tema de múltiples ensayos, teoremas y  pentagramas de canciones mal paridas.
Si tan solo lucrara con las separaciones…grabaría un disco y bien  como lo hace Sabina.
Si tan solo pudiera escribir los versos más tristes esta noche…Cualquiera seria Neruda.
Pero ni siquiera eso…
Para tango me sobra y para cumbia me falta.
Ni el mar del mediterráneo en la ventana, ni una carta bien guardada y el reloj de arena
del  juego de vidrio de mi ajedrez que se rompió.
Sin palabras, sin letras ni melodías.
Tan solo un abismo entre las manos me queda.


domingo, 23 de enero de 2011

ACERTIJO

CILINDRO Y  CUADRADO…

En la escuela ya a temprana edad  te enseña que  la exactitud  geométrica es posible. Quien iba uno a saber que tan útil resultaría esta materia tan densa.
Un cilindro es imposible que entre en un cuadrado .Pero cuando crecemos el empecinamiento también crece junto a nosotros. Y esta clásica metodología me recuerda a un juego en el cual nunca podía coincidir  todos los blancos de un solo lado .Probablemente ya en estas líneas comiencen a creer que hay dos porros encima ( hago apología a calamaro no al porro).
Este teorema geométrico me recuerda a una clase de creatividad que dictó un alquimista.Una maquina porteña que vende humo a los provincianos .
Pero volviendo al tema, un cilindro entra en un cuadrado? Yo creo que no.
Entonces hagamos a la inversa un cuadrado entra en un cilindro? Vayamos por ese lado…mmmm malas noticias .Tampoco, entonces que me diría mi profesor creativo…No hay leyes para la creatividad y puede actuar cualquier fuerza para que esto ocurra.A eso le llamamos imaginación.
A mí se me ocurre que podemos fundir con fuego el cilindro… para que entre en  el cuadrado .Pero claro ya no sería un cilindro.Y lo mismo si ocurriera a la inversa.Pequeña picardía nos encontramos ante un laberinto…ambos deberían tranformarse en otras figuras.Evidentemente la matemática  y la geometría nunca fue lo mío en este caso y siempre .
Terrible formula de esas que nunca entenderé como hacen las olas para llevarse una botella, sobre todo a la noche cuando la marea sube .Sostengo que a la mía nunca se la llevó.En ese caso prefiero consolarme tristemente creyendo en los dichos populares que repetia la abuela:"Lo que el agua trae ,el agua se lo lleva".
“No hay que pedirle peras al olmo”. Refranes crueles y reales que siempre ganan ante los sueños y las nubes de algodón.Lugares en que nos escondemos en pequeños momentos como cuando sacamos la cabeza de abajo del agua para respirar y seguir nadando…En mi caso remando…